Monesterio y el Camino de Santiago

Concurso de Cortadores de Jamón
Es imposible repasar todo lo que Monesterio ofrece al visitante en un artículo para esta publicación por nuestra Feria y Fiestas. Es imposible, y a la vez, para un forastero como yo, apasionante. Contemplar el Dolmen de la Cabra con sus estimados 5.000 años, mientras se camina por una antigua vía romana, disfrutar de las vistas de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol mientras tomas un cañón en la Plaza del Mercado, desayunar una tostada con tomate, aceite y jamón, son solo algunas de las cosas que puedo nombrar. Las fiestas locales, las tradiciones, la cultura, la historia de Monesterio abarcan una parte importante de la vida social del pueblo. Aún podemos sorprendernos con los restos arqueológicos que nuestra villa conserva, esperando salir a luz para deleite de propios y extraños. Tesoros ocultos de nuestro pueblo que debemos conocer, rescatar y visibilizar.
Pero hoy me quiero centrar en un hecho singular que hace de Monesterio un pueblo muy especial, un pueblo del Camino de Santiago. Y es que como peregrino y como hospitalero, me gustaría contar una historia, importante para mí pero muy sencilla, análoga a cualquier otra historia de cualquiera de nosotras y nosotros.

Mochila de peregrino
La experiencia del Camino de Santiago es mucho más que un evento deportivo o un reto personal que algunas personas decidimos llevar a cabo para ocupar nuestro tiempo libre. En muchos casos, el peregrino tampoco busca los bienes espirituales prometidos por la Iglesia Católica al llegar a la ciudad compostelana y cumplir con los ritos de visitar la tumba del Apóstol, celebrar la misa y confesarse. Puede decirse que el Camino es una metáfora de la vida, una versión reducida de nuestro paso por el mundo, experiencia universal de tránsito por una tierra en la que nacemos, vivimos, reímos, compartimos, trabajamos y abandonamos al final de nuestros días.
La acogida de estas personas es históricamente demostración de solidaridad social
Independientemente de las motivaciones de cada peregrino para salir de su casa y ponerse “en camino” hacia la meta, el encuentro consigo mismo y con los demás a través de esta práctica milenaria lo lleva en la mayoría de los casos al encuentro con lo trascendente (llamémosle Dios, Universo, el Karma, etc). Hombres y mujeres que a lo largo de los siglos (y aún hoy) se perciben como un ente pequeño que forma parte de algo inmensamente grande, y que lo une a la humanidad en todas direcciones (hacia el pasado, en el presente y hacia el futuro).
En muchos casos, el peregrino tampoco busca los bienes espirituales prometidos por la Iglesia Católica al llegar a la ciudad compostelana
Tengo muy vívida aún una imagen que se me ocurrió terminando mi último Camino de Santiago, en mayo, cuando tomé la decisión de venir a vivir a Monesterio para ser hospitalero: los peregrinos somos partículas de agua que viajamos a través de un río inmenso. Pero no viajamos solos; a nuestro lado, encontramos compañeros de viaje, con quienes compartimos la maravillosa experiencia de caminar hacia la meta. Delante de nosotros muchos ya nos precedieron en esta travesía, los más adelantados cada vez más próximos al mar. A su vez, por detrás, vienen empujando generaciones de nuevos peregrinos que realizarán el camino, en el futuro. Por lo tanto, en este imaginario y fantástico río, es imposible sentirse solo. Estamos todos conectados; los peregrinos de hoy, los que pasaron ayer y los que llegarán mañana. Y así desde el principio y hasta el final de los tiempos.

Catedra de Santiago, meta y culmen de los peregrinos. Santiago de Compostela (Galicia)
¿Y cuál es el lugar que ocupa nuestro pueblo en esta imagen? Nosotros somos esa playa, ese prado, ese meandro tranquilo por el cual transcurre ese río de eterna peregrinación, un lugar especial para cada viajero donde parar por un momento para reponer fuerzas, contemplar el paisaje y continuar el viaje. Cada uno de nosotros somos una piedra, una planta, un árbol fijo que conforma esta parada. Un elemento del paisaje en la ribera. Todos hemos visto pasar a estos peregrinos que viajan desde cualquier país del mundo, durante todo el año, para caminar a Santiago.
En el último tramo de mi periplo, acepté el compromiso de venirme a Monesterio con la responsabilidad de asistir a las peregrinas y peregrinos que realizan el Camino desde la Vía de la Plata. Una responsabilidad para mí asumida por elección, pero para los y las monesterienses, irrenunciable.
Acoger al peregrino es acoger a una persona que está en búsqueda, reconocerlo como un luchador, como una valiente
La acogida de estas personas es históricamente demostración de solidaridad social, y como tal, fue propiciada y protegida desde hace siglos por los reyes cristianos, que fundaron hospitales para peregrinos y encomendaron su seguridad a las grandes órdenes militares. La distinción del Camino de Santiago como Itinerario Cultural Europeo por parte del Consejo de Europa en 1987 y su reconocimiento posterior como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993 (aunque solo del trazado conocido como Camino Francés) demuestran la importancia en la actualidad de esta expresión cultural que se extiende por toda la geografía peninsular y conecta cientos de ciudades europeas y españolas con la capital de Galicia.
Pero más allá de todas estas distinciones y títulos, ¿cuál es el significado concreto en mi vida y en la vida de cada uno de los vecinos de la responsabilidad que mencionaba anteriormente? Acoger al peregrino no es solamente atenderle en el bar o en el lugar de hospedaje. No es simplemente indicarle en la calle dónde está la farmacia o el ambulatorio, la iglesia o el albergue. No es únicamente mirarle con interés, y quizá entablar conversación en la mesa de una terraza.

Iglesia de San Pedro Apóstol. Monesterio (Extremadura)
Acoger al peregrino es acoger a una persona que está en búsqueda, reconocerlo como un luchador, como una valiente. Es como recibir en nuestra casa a un pariente lejano que llega después de un largo viaje. Saludarlo (¡Buen camino!), preguntarle por su jornada, ponernos a disposición si necesita ayuda, ofrecerle un vaso de agua (sobre todo con los calores del verano) o un café caliente (en las largas y frías tardes de invierno). Exactamente igual que haríamos con cualquiera de nuestras vecinas y vecinos, con cualquier amigo o familiar que viene de visita.
Porque cuando uno tiene el privilegio de ser un pueblo del Camino de Santiago, tiene que sacar pecho, hinchado de orgullo, y sentirse también un poco hospitalero, un poco hospitalera. Porque también forma parte de nuestra historia, porque no podemos permitir que las nuevas generaciones renuncien a esta tradición viva, porque mantener la cultura de la peregrinación no es importante, sino que es fundamental.
Quiero que Monesterio sea ese pueblo hospitalario que haga sentir al peregrino como en su propia casa
Quiero invitaros a conocer nuestro Albergue de Las Moreras. Quiero invitaros a tomar un café, a compartir la vida, a contar historias de peregrinos, y a poner a disposición de todos los vecinos y vecinas de Monesterio un edificio que, durante mi estancia aquí, sea lugar de encuentro y casa de puertas abiertas para todas y todos. Quiero que Monesterio sea ese pueblo hospitalario que, junto con Santiago de Compostela, haga sentir al peregrino como en su propia casa, como en su propio pueblo. Porque como dice un antiguo refrán gallego, No se es de donde se nace, sino de donde se pace.
¡Feliz Feria y felices Fiestas de parte de este nuevo vecino, Oscar, el hospitalero!
Oscar Santos, hospitalero del Albergue Municipal «Las Moreras de Monesterio», agosto de 2024